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Un Adiós Prematuro

6:15- Jueves; el zumbar del despertador tiene poca consideración y nada de buenos modales, podría, al menos, avisar que va a entrar en la habitación, pero no, lo hace de golpe y descaradamente.

6:25- A medio despertar, el primer sorbo de café pretende avisar a las neuronas de mi cerebro que el día comenzará.

6:35- Es realmente bajo la regadera que descubro (y nunca antes) que ya desperté a la experiencia de un día nuevo, por la ventana apenas el albor da preámbulo a la vida.

7:20- Peleándome con el nudo y la corbata, repaso mentalmente las citas y compromisos de negocios del día; casi puedo cuantificar los montos y los cierres.

7:25- Tres torbellinos irrumpen entre mi agenda mental y el tercer intento del nudo de la corbata para darme besos y desearme un buen día, mis hijos corren cada cual a su estilo las escaleras, mientras mi mujer estresada pregunta por las llaves de la camioneta y las loncheras, al tiempo en que casi rutinariamente insiste “¡los suéteres niños!”

7:31- Todos dentro de la camioneta (menos los suéteres) se encaminan al colegio acompañados sonrisas, y aunque usted no lo crea, de peleas entre hermanos, (que si yo me siento en este lugar, que si tu te sentaste ayer aquí).

7:35- También a mi se me hizo tarde… ¿Cómo puede ser que algo que haces todos los días casi sin pensar, a veces simplemente se niegue a estar bien?… ¡Pinche corbata!

7:40- Con la corbata en el asiento del copiloto confirmo que estos 5 minutos me van a costar caro, el tráfico está ya desbordado. Cientos de vehículos y sus ocupantes dispuestos a empezar un nuevo día, para muchos de simple rutina, para otros de una apasionante existencia, me imagino que el inicio de los tuyos no es tan diferente.

8:25- Los 5 minutos efectivamente se tornaron en más de 30 de retraso, llegaré a mi primer cita 5 minutos tarde (siempre procuro un colchón de al menos 20 minutos de anticipación). La corbata finalmente cedió en un semáforo.

8:31- ¡Fantástico! Estoy al pie del edificio de mi cliente y hay valet, dejo mi auto y me registro.

8:32- Me anuncio en la recepción, mi cliente aún no llega, bien, llegué con sólo dos minutos tarde y primero que él, excelente inicio de mañana –a pesar de la corbata-.

8:45- Ya empezada la cita a media junta suena el celular, en la pantalla el número de mi esposa… Hemos establecido un código telefónico, contesto y digo dos solas palabras “¿es urgente?”, lo que le hace saber a ella que estoy en medio de algo importante y que sólo lo voy a interrumpir por algo grave, de lo contrario yo regreso la llamada en la primer oportunidad.

8:47- “Si… es urgente”.

9:35- Llego al hospital que está del otro lado de la ciudad, la situación es clara, mi suegro se debate con uninfarto fulminante. La plática con el médico es breve, pero muy clara: el 70% de su corazón está comprometido, está muy grave. En terapia intensiva al reconocerme, el tubo que le ayuda a respirar le hizo atorar ese “me las cuidas” que me supo decir con la mirada entendiendo ambos… que sería la última.

Cuando un ser querido tiene 64 años de edad, es fuerte y normalmente sano, esperas que un cuadro de indigestión sea… una indigestión. Nunca estás preparado. Sólo unos días antes, el sábado anterior compartíamos la comida y el tiempo, en armonía, cariño y respeto.

11:10- La ambulancia lo llevaba a un hospital especializado.

12:05- Puede contar más de 30 personas en la sala de espera de urgencias, todas ellas familiares, amigos.

14:10- La noticia sacudía a todos… sin tiempo a despedirse… había partido.

Amén de compartir contigo estimado lector parte de mi duelo personal y del de mi familia, me permito a manera de tributo hacerte conocer la riqueza de este hombre.

Murió… como deseamos morir todos, de un golpe y sin prolongadas agonías, sin dejar pendientes ni resentimientos, siendo querido y llorado por su esposa, hijas, hermanos, sobrinos, cuñados, nietos y por supuesto por su yerno.

Su hija viajó desde Londres con todo y sus dos pequeños, más de 30 personas le acompañaron ese día desde las 12:05 hasta varios días después. Y  ésta es mi aportación para ti este mes:

Más de 30 personas lograron interrumpir un día “común” lleno de trabajo, citas y negocios para ir a acompañar primero a la esperanza de restablecimiento y luego a la certeza de un adiós prematuro.

Por supuesto que durante los días subsecuentes muchas, muchas personas más pasaron a despedirse y rendir tributo, a llorar y a reír junto a los recuerdos buenos y junto al hueco que en sus vidas, en las nuestras ha dejado.

¿Cómo es?, estimado lector: ¿Cómo es posible que tantas personas interrumpamos nuestras actividades importantes, casi vitales para poder ir a celebrar la muerte de un ser querido?, ¿Cómo es que nunca, o casi nunca lo hacemos para celebrar la vida del mismo ser querido?.

¿Por qué las reuniones familiares deben ser programadas, con tantas semanas de anticipación en aras de que “todos puedan”?, ¿Por qué cuando éstas se programan deben competir con viajes, salidas o compromisos sociales; y pelear por una prioridad en la agenda?

Por qué la familia debe esperar siempre: al fin de semana, después del viaje de negocios, a que mejore la economía, a la navidad, al día de las madres o a cualquier otra fecha “importante”.

La muerte es categórica, sus tiempos prioritarios, casi exclusivos. ¿No así la vida?. El mensaje de este mes es tan obvio cual sencillo… has un espacio en tu agenda para celebrar la vida con los seres que amas, si se tratara de celebrar la muerte… seguro tendrías tiempo… pero te gustaría menos.

Piensa, reflexiona y actúa…

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