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Todos los gritos de Septiembre

Miles de personas clamamos en este mes en nuestro querido México, algunos con la angustia e impotencia del “ya basta”, otros con la algarabía del ¡viva! Y otros con la indignación del ¡que poca madre con lo de Morelia!

Todos nos sentimos muy Mexicanos en estos días, en estos en los que la peor crisis de económica de nuestro vecino del norte no nos dio “pulmonía” como en otros tiempos, en estos en los que dos de los nuestros colgaron sendos oros al cuello, en estos en los que la infraestructura de las ciudades se moderniza como nunca antes, en estos en los que el secuestro, violencia y narcotráfico vuelven a ser encabezados.

Nunca falla, cuando en alguna conferencia pregunto abiertamente ¿Cómo son los Mexicanos?, siempre la participación: divertidos, tranzas, mujeriegos, entregados, borrachos, impuntuales, dicharacheros, necios, flojos, incumplidos en tiempos de entrega, apasionados, alegres, buenos anfitriones.

Nunca al contestar reparamos en que somos nosotros, -los que contestamos-, los mismos de los que hablamos, nosotros somos “los mexicanos”, nosotros somos ese sujeto intangible: “la gente”, nosotros, tú y yo cada uno de nosotros en forma individual y por supuesto en suma somos “la sociedad”.

Y no será hasta que nosotros, tú y yo, en forma individual generemos cambios tangibles y concretos. Por supuesto hay que presionar a las autoridades “si no pueden que renuncien” –otro grito de septiembre que estoy cierto vivirá por muchos años- , pero también tendríamos que darles la misma oportunidad a nuestros hijos, a nuestros socios,  colaboradores o clientes.  La crítica social que vale, la única que auténticamente transforma a una nación es la autocritica de cada ciudadano.

Cuando le gritas a tus hijos podrían ellos reclamarte: “pues si no puedes como padre… renuncia”, cuantos de nuestros clientes, socios o colaboradores hierven de ganas de gritarnos lo mismo cuando los resultados tangibles que a ti y a mí nos tocan no se dan.

Personalmente he sido víctima de la delincuencia de esta ciudad en más de 4 ocasiones, no estoy siendo complaciente con la autoridad, espero que hagan su trabajo de una vez y pronto, pero mientras eso sucede…. Te invito a pensar: ¿qué podrías mejorar tú de la podredumbre  que vivimos?, ¿qué valor podrías reconquistar tú de los que ha perdido la sociedad?, ¿podrías ir a conocer a tu vecino y saludar?, ¿podrías amarrar una escoba al arbolito que se tuerce al salir de tu propia casa?, ¿te resultaría muy molesto pintar 100 metros de amarillo en la banqueta de tu casa en compañía de tus hijos y así fomentar un civismo proactivo?, o será que realmente con ir a marchar un domingo (¡bien hecho¡) nos alcanza para poner en paz nuestra consciencia.

¿Queremos realmente transformar nuestro país, nuestra ciudad y nuestra vida o nos alcanza con decir que lo estamos haciendo?

A las 9:00 am en punto fue la cita que establecimos mi cliente-amigo y yo en su oficina del norte, a más dos horas de trafico de distancia, al llegar a su propia oficina 45 minutos tarde sin darle importancia al gesto, presto a presumirme que caminó todos los metros caminables en la mega marcha  del fin de semana pasado proclamando  el ¡ya basta! en el zócalo, congeló su tono heroico cuando con toda la objetividad y seriedad le enfrente solemnemente a la cara un: “pues más puntualidad y menos marchas ¿no?”.

¡Que poca madre por el terrorismo de Morelia!, si- que poca madre- pero  ¿qué hay del terrorismo que reina en nuestras casa? De ese: “levanta tus juguetes que ya va a llegar tu papá y ya sabes cómo es”, ¿no acaso eso es hacer que la gente haga las cosas por miedo?

“Ya basta” es el grito de septiembre, “que viva México”, Sí… pero que viva bien y eso depende de lo que tú y yo actuemos, los valores son las conductas repetidas que nos identifican, no sólo los idearios sublimes que quisiéramos alcanzar; tú… ¿qué estás haciendo?, además de marchar… y de gritar.

Piensa, Reflexiona y Actúa…

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