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Te lo Traje de Europa… Paciencia

El que no sigue caminando es rebasado por miles, luego entonces dejar de avanzar es retroceder.

Efectivamente la competitividad y exigencia del mundo moderno nos ha obligado a incrementar la velocidad con la que vivimos hoy, queremos todo rápido y desechable.

Los niños ya no pueden llevar su cantimplora de agua de limón en la lonchera, esta ha sido sustituida por alguna bebida energetizante que su mamá no preparó, pero sí pago. Acto éste que le hace sentir que su responsabilidad quedó satisfecha y que su intervención en la nutrición de su hijo está controlada.

La realidad es que el niño consume demasiada azur refinada, el medio ambiente recibe millones de botellas plásticas en uno de los ecocidios más absurdos de nuestro tiempo y el niño no tiene idea… porque nunca ha tenido oportunidad de aprender, que el azúcar debe disolverse primero en el agua antes de agregar el acido cítrico del limón, de grande (y de chico) no sabrá preparar limonada.

Los matrimonios se planean como campañas de marketing, se anticipan resultados y objetivos, casi nacen con consciencia de finitud.

Los jóvenes recién graduados esperan recibir promociones y grandes sueldos en menos de dos años, pretendiendo que conocimiento es experiencia; y no digo que antigüedad lo sea, pero los vinos maduran con un específico proceso.

En este atropellado devenir cotidiano, hemos olvidado que el proceso es tan importante como el resultado, que el paisaje es tan hermoso como el destino, que la felicidad es disfrutar del camino recorrido hacia el éxito.

Recuerdo que mi profesor de matemáticas nunca dio por bueno el resultado en un examen si no estaba correcto el procedimiento de la operación, tan importante uno… como el otro.

En mi tercera incursión por el viejo continente, combine placer con trabajo y tuve oportunidad de enfocar mi atención en matices diferentes a los viajes previos; cada vez que te recibe… si tú te dejas; te enseña algo.

En esta ocasión no dejé de maravillarme por la maestría en los detalles de tantas obras de arte, me extasié –literalmente- hasta el cansancio, de recorrer historias e imaginar encuentros en cada cuadro, en cada construcción en cada esquina en la que el viejo continente te obsequia con alimento para el alma, pero tal vez la reflexión más profunda que he traído en la cabeza es… paciencia.

Así, en la hermosísima Catedral Sevillana, como en la impactante y no menos hermosa Mezquita de Córdova, tanto como en “Las Meninas” de Velázquez al igual que en “La Lechera de Burdeos” de Goya como en la majestuosa perfección del Palacio de Versalles y en la finesa y delicada expresión de la Torreo de Oro, paso a paso en el Museo Del Prado, cada obra, cada testimonio que descubres al sólo caminar es testimonio de grandeza dedicación  y perfección humana.

Pero todas estas obras tienen también un común denominador, mismo que había pasado inadvertido para mí en mis vistas anteriores… paciencia.

La Catedral Sevillana por ejemplo necesito más de 70 años para abrir sus puertas con todo su esplendor, mientras que para la mezquita fueron necesarios casi 300 y el compromiso de tres generaciones de Califas para terminar los más de 50,000 metro cuadrados que hoy la conforman. Los grandes lienzos obras de arte ostentan toda su excelencia después de tan solo 9 ó 10 años de trabajo diario y comprometido de sus autores, mientras que fueron necesarios más de 65 años para terminar los diseños y materializar los sueños de Luis XIV para erigir los jardines de Versalles con todo y sus más de 800 hectáreas de arte en vida.

Todas estas obras, estimado lector, son testimonio de perfección, han trascendido la vida misma de sus autores e incluso, en no pocos casos, se han convertido en el legado de herederos que dedican también parte de su vida (si no es que toda) a engrandecer la obra de sus antecesores.

Por otro lado, tuve la oportunidad de conocer y trabajar para lideres de multinivel europeos, personas de extraordinaria calidad moral y abundante sonrisa, cada uno con historias de vida impresionantes que a manera de testimonio comporten con sus grupos en sus convenciones, todos viviendo vidas de abundancia prácticamente sin límites, todos habiendo empezado con una mano adelante y otra atrás, todos afectando positivamente la vida de miles de familias, pero todos también, con más de 15, 17 o 22 años de trabajo constante y comprometido, no hicieron sus redes de abundancia en un año… ni en dos; viven la abundancia después de un esfuerzo sostenido, han construido un emporio para los suyos y para las generaciones del futuro.

Así pues, tengo preguntas para ti:

  • ¿Tu proyecto de vida es desechable e inmediato?
  • ¿Consideras que conocimiento es experiencia?
  • ¿La base de tu trascendencia está fundamentada en ascensos vertiginosos?
  • ¿Reconoces que parte del resultado está implícito en el proceso?

Si tú o yo fuéramos el Califa de Córdoba, el rey de Francia o el pintor diestro… ¿tendríamos el valor de soñar nuestros sueños tan grandes como para comprometernos  varios años a construirlos? o ¿buscaríamos en dos o tres meses la excusa perfecta para abortarlos?

Por supuesto… otras personas decidirán enfocarse en sus objetivos con visión de futuro; vivirán 50 años más, ó 30 ó 20… y contemplarán el éxito de otros que sí estuvieron dispuestos a pagar el precio de los sueños que ellos mismos tenían, y se preguntarán si la excusa que se dieron a sí mismos para claudicar de su proyecto realmente era tan fuerte como para renunciar a lo que ahora ven real en otros líderes que si avanzaron.

Al final, estimado lector, no importa la marca… el producto… o el esquema, sea en el multinivel, en la carrera tradicional y corporativa, en la pintura o en el deporte, al final, no basta la excelencia y la pasión, hace falta para construir una obra digna de trascender también, de paciencia y esfuerzo sostenido mucho tiempo.

Por más que corras, las cosas tienen un tiempo, “mientras que una pareja de seres humanos crean a un bebé en nueve meses, nueve parejas juntas no lo hacen nacer en un mes”

Piensa reflexiona y actúa…

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