Soñé que existía un lugar feliz

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Soñé que existía un lugar feliz

Soñé que existía un lugar feliz. Atrincherados durante más de veintidós días un regimiento de la infantería Norte Americana apenas gozaba con condiciones de vida para precariamente sobrevivir. Alimento racionado, sin espacio para descansar, entre olores de muerte, sangre y dolor la batalla era implacable. Los sobrevivientes hacían turnos para dormir o dormitar por espacio de treinta y cinco o cuarenta minutos, para despertar y relevar a sus compañeros que, como podían, resistían al enemigo. Si se lograban dormir el temor era despertar para darse cuenta que algún compañero y amigo de regimiento había ya muerto bajo la certera bala enemiga. Los muertos eran acomodados en montones para reforzar las murallas mismas de las trincheras o bien acomodados como señuelos para desgastar el parque del enemigo. En medio de esta dantesca situación, un joven cabo cansado y mal alimentado, platicaba con sus compañeros a media voz en los breves momentos de silencio que existían ente el combate;      -soñé-, les decía, -soñé que existía un lugar en la tierra en donde todos eran felices, en donde con sólo cruzar las puertas de entrada se dibujaba una sonrisa en el rostro por igual de niños, ancianos y adultos, casi en automático-. Después de cada nuevo combate y después de cada nueva siesta en repetidas ocasiones, el muchacho narraba su sueño fantástico casi como testimonio, no sólo lo imaginaba, casi describía a sus compañeros como era ese lugar. Los compañeros que por su puesto vivían la misma situación de cansancio, hambre, sueño, desgaste físico y  miedo por el arrebato al combate a las balas, al principio simplemente ignoraban el sueño de aquel, pero era tan constante en su narración que eventualmente fueron llegando a la conclusión de que la realidad que estaban viviendo había cobrado la razón de aquel pobre inocente. Claramente daban por perdido a su compañero, si aún respiraba era difícil que sobreviviera estando cuerdo, y mucho menos estando loco. –Soñé-, les decía, -soñé que existía un lugar maravilloso en el mundo, aquel que con solo abrir las puertas la gente entraba y sonreía por igual, sin importar si son niños ancianos u adultos.

Ese soldado, sobrevivió a la batalla y después sobrevivió a la guerra. Regresó a su país y se puso a buscar aquel lugar y lo encontró. Su nombre fue Walt Elías Disney.

Piensa, reflexiona y actúa

Helios Herrera

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