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Sobre Valores

Cuando hablamos de “valores”, nos referimos a ellos como aportaciones doctrinales, casi filosóficas que deben regir nuestra conducta.

Por supuesto viene a nuestra mente la tan citada y de moda frase “crisis de valores”, forma en la que nos referimos coloquialmente al desuso de los valores con los que fuimos educados.

Pero permíteme una visión elemental del tema. Los valores no son sólo “las reglas” del juego conductual, sino que son la conducta misma.

Cuando estudiamos el concepto “valor” encontramos su origen en el vocablo latín “aestimable”, es decir, todo aquello que podemos estimar, cuando analizamos el fondo de los valores, nos encontramos con dos materias, por un lado la Ética (del griego éthos, comportamiento) y por el otro lado la Moral (del latín “mores” o costumbres), ambas ciencias se confunden a su vez con valores.

Es frecuente escuchar como la gente se refiere a la ética como un valor o a la moral como otro, cuando verdaderamente tanto una como la otra no son valores, sino la ciencias que estudian por un lado el comportamiento sistemático, y por otro las costumbres de la sociedad respectivamente.

Lo que quiero puntualizar, en esta época tan necesitada de valores, es que estos no se adquieren por la avenencia de doctrinas, discursos o sermones.

Los valores son actos, conductas que se repiten sistemáticamente convirtiéndose en hábitos y luego en costumbres. Estos actos pueden ser “buenos” o “malos” de acuerdo a la calificación que la Ética les asigne, y favorables a la sociedad y al bien común de acuerdo a la postura que la Moral del grupo prevalezca, pero actos.

Lo magnifico de este análisis radica en el hecho de que los valores son la consecuencia de los actos que nos identifican, de tal suerte que si yo te preguntará directamente ¿Cómo fue tu padre?, lo que me dijeras al respecto serían los adjetivos que describen los valores (las conductas cotidianas) con las que tu padre vivió.

Todos quisiéramos ser identificados como buenos padres, ejecutivos profesionales y personas positivas, enaltecemos en nuestro discurso cotidiano y enarbolamos referencialmente a los valores; hablamos de la familia, de la verdad, de la integridad y de cientos de conceptos abstractos, en un acto de emancipación y explosión de nuestro acervo cultural, pero hablamos…. sólo hablamos.

Los valores hay que actuarlos. Después de 20 años no serás identificado por tus discursos, sino por las acciones que cotidianamente ejecutaste en tu existencia.

Así pues, puedes primero definir una lista de los valores que te gustaría que te definieran como persona, una lista en compañía de tu familia de lo que te gustaría que definiera la dinámica de la misma, una con tu equipo de trabajo y tu entorno laboral, y luego…. Hacer un plan de trabajo que te permita cotidianamente recordar la forma de conducta que definiste como correcta para tu vida, y conscientemente actuar, en lo cotidiano, de acuerdo a los valores con los que te gustaría ser definido.

Si me preguntarás como me gustaría ser definido como padre…. Seguramente te diría que responsable, amoroso, guía y compañero, pero si analizo mi conducta cotidiana al respecto, y muriera en este momento, seguramente mis hijos dirían “Nos quería mucho, pero lo veíamos poco”, y  el valor de “La ausencia” no fue un valor que yo hubiera definido para mi vida como padre.

Estimado lector, los valores son, de acuerdo a su definición más elemental, las acciones (no las ideas ni las intenciones), las acciones que repetidas en nuestra cotidianeidad se convierten en hábitos, en costumbres y que cuyas consecuencias afectan positiva o negativamente a nuestro entorno.

Te invito a definir ¿cómo te gustaría ser definido? … por tus hijos, por tus colaboradores, por tus clientes, por tu entorno, y luego… actuar diariamente en la construcción de ti mismo, la más excelsa labor que cada uno tenemos, y que irremediablemente, servirá de modelo a la gente que de nosotros depende.

Piensa, reflexiona y actúa…

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