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Relaciones Públicas… y Privadas

Qué desgastado esta el concepto de relaciones públicas, para muestra basta ver, si el asco lo permite… los noticieros televisivos para primero indignarse, luego irse acostumbrando, hasta, lamentablemente al final, dar por sentado el tipo de gobernantes y empresarios que figuran.

Y es que efectivamente, las grandes y complicadas estrategias y prácticas profesionales de las relaciones públicas, las horas y horas de diseño para proyectar la imagen de una persona, empresa o institución son traicionadas “en lo corto”, en las relaciones “privadas”

Creo que la enorme necesidad de competir agresivamente en los mercados ha hecho indispensable el contar con un especialista en relaciones públicas, que nos permita encontrar los canales adecuados para proyectar lo que somos, lo que hacemos y cómo lo hacemos.

No obstante, quiero aprovechar el espacio que me permite esta revista, para hacer llamar la atención e invitarte a un momento de reflexión.

Si no tienes, estimado lector, los abultados presupuestos para contratar especialistas, o aún teniéndolos, y queriendo realmente potencializar y cuidar tu inversión en relaciones públicas, quiero aportar un sencillo y elemental precepto:

“Has lo público como si tuvieras que explicarlo en privado, y lo privado como si fuera a ser de conocimiento de todos”

Y es que, es tan grave la crisis de valores que estamos viviendo, están tan en desuso, que no alcanzo a encontrar palabras para explicar a mi hija de 7 años los términos usados y transmitidos al aire en el caso del “Gober Precioso”, lo mismo que las ligas de Bejarano o la florida retórica del presidente Chávez.

No pretendo hacer una crítica a la política ni a los políticos, tampoco pasar como ingenuo afirmando que esto “antes no pasaba”, claro que pasaba, pero no era de conocimiento público (y que bueno que ahora lo sea).

Y nuevamente me permito reiterar: actúa en lo público como si estuvieras en privado, y ten cuidado de tu conducta privada como si ésta fuera a ser abierta al público.

El líder empresarial carismático, entregado y siempre proactivo que propina golpes y apatía a sus propios hijos, el icono religioso que adoctrina valores mientras que abusa del monaguillo o de la viuda que emocionalmente lo “ha comprado”, lo mismo que usted y yo, que entre café y café criticamos, condenamos, nos burlamos y censuramos las mismas conductas, que casi sin darnos cuenta permitimos en nuestros círculos más cerrados.

¿No es denigrante exigirle a nuestros hijos puntualidad, orden y disciplina en el colegio, que recojan su cuarto y hagan la tarea, que respeten a sus padres, hermanos y compañeros… al mismo tiempo en que nosotros, los padres, llegamos impunemente tarde a nuestra oficina, perdemos tiempo jugando solitario en la PC, tenemos problemas de trabajo en equipo y actitud con nuestros compañeros de trabajo y cobramos un salario diariamente sin saber si, efectivamente, aportamos valor a nuestra empresa cada día?

Las reglas deberían ser sencillas: Sea en público o en privado no hagas nada que no puedas compartir con tu pareja, con tus hijos, con tus padres o con tus valores intrínsecos. No necesites el pretexto de un interés específico para llevarte bien con los demás, sonreír y tratar de ser proactivo como estilo de vida. No separes acciones publicas de privadas, sé integro primero para ti y en consecuencia para los demás. Entiende que, tarde o temprano, todo lo privado se hace publico, y que quieras o no, tu conducta y tu actitud afecta e impacta a los demás.

Un joven desilusionado de la sociedad en que vivía llego a la conclusión de suicidarse, de que no valía la pena seguir viviendo en una cultura sin valores, sin sensibilidad y sin trato auténticamente humano, ya nadie le sonríe a nadie a no ser que tenga un interés de por medio, decía.

Así pues, antes de consumar el hecho, hizo un acuerdo con el del espejo: “Me iré caminando al lago que esta del otro lado de la ciudad, y ahí me amarrare a una piedra y me tirare al fondo, pero si alguien en el camino, una sola persona en 10 kilómetros, cualquier desconocido me sonríe antes de llegar, abandonare la idea y renovare la idea de que la sociedad es aún valiosa”.

Amigo lector: si la única persona en el camino de ese joven entre su casa y el lago hubieras sido tú… ¿estaría vivo ó en el fondo del agua?

La recuperación de nuestros valores esta en el uso cotidiano que tú y yo… les demos.

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