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¿Encontró Todo lo que Buscaba?

Seguramente en más de dos ocasiones te has asomado discretamente  del otro lado de la caja registradora en cualquier supermercado, para reírte, o al menos sonreír, al coincidir tu mirada con el plastificado que sentencia a la prestadora de servicios:

  • Sonríele al Cliente.
  • Pregúntele si encontró todo lo que vino a comprar.
  • Despídase amablemente.

Como consultor, aplaudo y celebro el esfuerzo por tratar de sistematizar  prácticas profesionales de buen trato al cliente, pero…. ¿Qué hay cuando la respuesta es un categórico NO?.

Se puede ¿realmente? sistematizar en forma superficial el trato correcto  al cliente sin trabajar a profundidad en la importancia que tiene primero como ser humano.

En nuestras conferencias de sensibilización al cambio y fortalecimiento de actitudes proactivas he encontrado, durante más de 18 años, que la gente en general no sólo esta dispuesta a ser positiva, sino que quiere serlo de tal suerte que tratar de sistematizar practicas actitudinales resulta aparentemente fácil. La cuestión es que el entorno sobre el que se pretende trabajar no siempre es tomado en cuenta.

Desde  los “tengo demasiados clientes”, “mi jefe no me apoya”, “la solicitud de servicio del cliente sale por completo de  mi zona de control”, hasta los reales y hasta cínicos “a mi no me importa”, “no me van a pagar más si le sonrió al cliente”, “me vale”, “ya es mi horario de salida”

Por supuesto que hay una parte objetiva y otra subjetiva, y ambas, en mi opinión tienen importancia, cuando tratamos de sembrar “la semilla” de la buena actitud en el trabajo, debemos escarbar mucho más profundo; y acariciar el nivel – primero- de la buena actitud en la vida.

No podríamos auténticamente interesarnos un poco  -sólo un poco- en la persona que tenemos frente más allá que en su mero bolsillo?, bueno, si de plano nuestra propia pequeñez y equivocada percepción de nosotros mismos, no alcanza para más, procuremos conscientemente cumplir con las políticas de sistematización de cultura de nuestra empresa, pero hagámonos el favor de llevarlas un poquito más allá de nuestro horario de trabajo.

No tienes idea, estimado lector, de cuantas personas me escriben comentarios como: “Helios, en tu próxima sesión en la empresa de mi esposo, me gustaría mucho que le convencieras de que me trate como si fuera yo un cliente”, “ mi papá tiene tiempo, paciencia y escucha a cientos de vendedores todos los días, pero a mí….”

Somos quienes más amamos a nuestros hijos o seres queridos, pero quienes –paradójicamente- peor los tratamos.

Si alguien se atreviera a hablarle en el tono que tu le hablas a tu esposa ¿Qué harías?, si por cualquier motivo, un adulto jaloneara o pellizcara a tu hijo…. ¿Cómo reaccionarías?. alguna vez en alguna acalorada discusión con un cliente, ¿le has contestado en el tono de voz que y con la postura actitudinal que te permites para con tu pareja, tus hijos o tu mismo?. Cuando empiezas en casa forjas un habito que se convierte en estilo de vida, hasta que tu cerebro no decodifica otra realidad, sólo puedes tratar a otra persona… con todo el compromiso, respeto e interés que eres capaz porque forma parte de tu educación.

Lo que le des a la vida te será regresado, por tanto; al llegar a casa y despojarte de tu armadura de profesional, cuando refrescas el rostro con agua nueva antes de dormir…. Pues preguntarte en el espejo: …el día de hoy ¿encontraste todo lo que buscabas?.

Cuando la semilla es sembrada “más abajo”, al germinar se convierte en estilo de vida, no sólo en forma de trabajo.

Piensa, Reflexiona y actúa…

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