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Échale Ganas

-“Jefe, necesito ganar más dinero, no me alcanza y tengo el sueño de comprar un auto, qué puedo  hacer”

-Échale ganas al trabajo.

-“¡Hay comadre!, mi marido y yo casi no hablamos, lo siento lejano, las pocas veces que hablamos es discusión, llega tarde a casa, ¿qué me recomiendas?”

-Pues “échale ganas a tu relación”, “tú puedes”

-Papá: creo que voy a tronar matemáticas este semestre, realmente el álgebra y yo no somos amigos…

-Hijo mió: “échale ganas al estudio”, no puede ser que una insignificante “X” y una miserable “Y” puedan más que tu… “échale ganas”.

Échale ganas, échale ganas…. Pero, ¿qué demonios significa “échale ganas”?, como diría Eugenio Derbez: “¡que alguien me explique!”

Durante más de 18 años de carrera profesional al frente de una consultoría en desarrollo humano y productividad, en cientos de seminarios y conferencias presenciales, y después de cientos de artículos e investigaciones profundas en la conducta humana (al menos en lo que toca al logro de metas y desarrollo productivo), puedo aseverar que todos tenemos ganas.

No conozco aún a alguien que no tenga ganas, que no quiera más para su vida, mejor salario, más ventas, mejor puesto, un auto, mejor colegio para sus hijos, comunicación asertiva con su pareja, integración familiar, lo cierto es que todos tenemos ganas. Como cierto es también, que “las ganas” no alcanzan, no son suficientes, y el éxito o fracaso de un proyecto, sea de vida o profesional, no depende sólo,  de “echarle ganas”.

El entusiasmo, la energía y la actitud positiva, son, sin lugar a duda baluartes insustituibles en la realización de nuestros proyectos, pero no son suficientes. En una cirugía de corazón  abierto, el cardiólogo no salva a su paciente “a porras y aplausos”, simplemente sabe qué es lo que tiene que hacer… y lo hace.

Y es que nadie nos ha enseñado a lograr nuestras metas, no tenemos un plan específico, un concepto definido, una metodología práctica. Cuando nacimos ni siquiera sabíamos caminar, “echarle ganas” era necesario para intentarlo después del tropezón, pero la realidad es que logramos caminar… cuando aprendimos cómo.

Por supuesto que las cuestiones actitudinales  participan en tú éxito o fracaso, tu postura ante la vida, tu sonrisa, la persistencia y disciplina, tu nivel de compromiso personal, pero si estas haciendo algo mal, aunque lo hagas con entusiasmo y persistencia, los resultados no serán los que esperas.

Confundimos trabajar con producir, si una persona corre 10 kilómetros diarios en la cubierta de un barco trasatlántico, hará mucho ejercicio, pero no llegará a ningún lado. Cuando el barco llegué a su destino, el pasajero no habrá llegado gracias a que corrió 10 km. diarios en la cubierta, de todas formas iba a llegar al destino del barco aún sentado placidamente bajo el sol, sobre cubierta.

Para cualquier objetivo, cualquier tarea o hazaña, es fundamental la actitud correcta, pero más aún, investigar qué es lo que se tiene que hacer y sistemáticamente hacerlo, capacitarse, aprender, desarrollar un plan y sólo entonces, ejecutarlo con entusiasmo y … ganas.

La mayoría se frustra porque no alcanza los objetivos que se plantea a pesar de “echarle ganas”, hasta que llegan al punto de claudicar y de creer que no pueden lograr nada a pesar de haber tenido la actitud correcta, tantos fracasos, tanta frustración, que llega un punto en que efectivamente creemos que la actitud no hace ninguna diferencia,  quedamos atrapados en la apatía, sin alcanzar nuestras metas, y sin poder, literalmente mejorar nuestra actitud… ni los resultados tangibles en nuestra vida.

Investigar qué es lo que se tiene que hacer… y hacerlo, con disciplina y compromiso, con constancia y “con ganas”, pero no mal gastes tu actitud y tu entusiasmo sin antes, estar seguro de que estás haciendo lo correcto. Puedes hacer bien las cosas, pero estar haciendo las cosas incorrectas.

Piensa, reflexiona y actúa…

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