Decidir nuestra felicidad

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Decidir nuestra felicidad

Un hombre de 85 años recibió la devastadora noticia de que sus hijos habían decidido llevarlo a vivir a  un asilo. A pesar de ser siempre una persona positiva de excelente actitud, su estado había menguado tanto que necesitaba servicios profesionales. Las condiciones en casa no eran justamente las más adecuadas, los hijos trabajaban y apenas tenían tiempo para atender a los nietos. Llegó el día en que sus maletas estaban ya en la cajuela del coche y la familia paralizada, muda en el camino, hacia la estancia de la tercera edad. En cuanto llegaron una señorita muy amable le tendió la mano y le condujo hacia su habitación y en el camino le dijo, -mientras su hijo hace los trámites de registro, déjeme mostrarle todo, en especial su cuarto- el hombre con asertiva mirada le contesto, -créame señorita no es necesario, estoy completamente seguro que es una habitación confortable, apacible y llena de energía positiva, mejor lléveme al jardín quiero conocer a mis nuevos compañeros-. La asistente medico así lo hizo, pero de camino al jardín le pregunto -¿cómo es que usted está tan seguro de que su habitación será completamente de su agrado?- A lo que él le contesto, -hija mía el estado físico de mi habitación es completamente intrascendental, ya que he de vivir en ella el resto de mi vida, yo he decidido desde antes de conocerla, que me gusta del todo y que me siento bien ahí y que me encanta mi última morada; así hija mía cualquier cosa magnífica que tenga será un plus para mí. Si he aprendido algo en estos 85 años es que tenemos la capacidad de decidir ser felices sin importar las circunstancias, así que conscientemente he decidido ser feliz en mi nueva situación-.

Decide tú también por encima de tus circunstancias.

Piensa, reflexiona y actúa

Helios Herrera

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